Durante una prueba en entorno controlado, un robot humanoide experimentó un fallo de comportamiento y comenzó a moverse de forma errática. En cuestión de segundos, sus movimientos dejaron de ser previsibles y acabó golpeando a un operario cercano.
El incidente no fue un “ataque”, sino un problema de control o software, pero pone en evidencia un riesgo real: cuando estos sistemas fallan, lo hacen con fuerza física suficiente como para causar daños. Este tipo de situaciones refuerza la necesidad de protocolos de seguridad más estrictos y sistemas de parada inmediata en robots que interactúan con humanos.
Deja una respuesta